Cursos homologados para oposiciones

Mensaje de error

Warning: strip_tags() expects parameter 1 to be string, array given in __TwigTemplate_b29d3bc2017dd63742025b700b46722db842bbdc9f26e22b48a171c6cce3bcb0->doDisplay() (line 147 of sites/default/files/php/twig/6a5fc3efc2f5d_breadcrumb.html.twig_zzKK0IWYS5Cz8NeKT6WvApU-u/eQFbCVj-2SlGksazLia2H7XiXhGssUhnE6T9NPCWQpY.php).

Phubbing parental: cómo afecta a tus hijos y qué puedes hacer

Phubbing parental
Eloisa González

Eloisa González

Lun, 20/07/2026 - 14:37

Tu hijo empieza a contarte algo que le ha ocurrido, pero el teléfono vibra. Miras la pantalla durante unos segundos, respondes un mensaje y, cuando vuelves a levantar la vista, la conversación ya ha terminado. A simple vista, puede parecer una interrupción sin importancia. Sin embargo, cuando esta escena se repite cada día, el móvil puede acabar ocupando un espacio que antes pertenecía a la conversación familiar.

Precisamente por eso, en 2026 el debate sobre las pantallas ha empezado a mirar también hacia los adultos. Hasta ahora, gran parte de la preocupación se centraba en cuánto tiempo pasan los niños y adolescentes frente a un dispositivo. No obstante, una nueva investigación plantea otra cuestión igual de importante: ¿qué ejemplo digital reciben los hijos cuando sus padres tampoco consiguen separarse del móvil?

¿Qué es el phubbing parental?

ocurre cuando el teléfono interrumpe de manera repetida la atención que una madre, un padre o una figura cuidadora estaba prestando a un menor. Por tanto, no depende únicamente del tiempo de uso, sino también de qué momento se interrumpe, cómo vive el hijo esa interrupción y si el adulto retoma después la conversación.

¿Qué dice el nuevo estudio sobre los padres y el móvil?

El tema ha cobrado actualidad tras la publicación de una investigación elaborada por especialistas de la Universidad de Santiago de Compostela y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. En concreto, el estudio analizó las respuestas de 1.245 madres y padres de Lugo con hijos de entre 3 y 12 años.

Según los resultados difundidos por La Vanguardia, aproximadamente uno de cada cinco participantes presentaba niveles de nomofobia de riesgo o problemáticos. La nomofobia hace referencia al malestar o la ansiedad que algunas personas sienten cuando no tienen acceso al teléfono móvil.

Además, la investigación encontró una relación entre una mayor dependencia del teléfono y una actitud más permisiva ante el uso infantil del smartphone. Dicho de otro modo, cuanto más difícil resultaba para el adulto separarse del dispositivo, más probable era que estableciera límites poco claros para sus hijos. Por consiguiente, el problema no afecta únicamente al tiempo de pantalla de los padres, sino también a la coherencia de las normas familiares.

Una precisión importante: estos resultados muestran una relación entre variables, pero no permiten afirmar que mirar el móvil convierta a una persona en mala madre o mal padre. Del mismo modo, tampoco sirven para diagnosticar una adicción.

¿Cómo puede afectar el phubbing parental a los hijos?

Los niños no necesitan que los adultos estén disponibles a todas horas. De hecho, aprender a esperar y respetar los tiempos de otras personas también forma parte de su desarrollo. Aun así, sí necesitan comprobar que, cuando intentan conectar con sus figuras de referencia, recibirán una respuesta previsible.

Por este motivo, cuando el móvil interrumpe esa conexión de manera constante, pueden aparecer distintas reacciones. Algunas son muy visibles, mientras que otras pueden pasar desapercibidas durante más tiempo.

1. Pueden sentir que no son una prioridad

Cuando un adulto mira repetidamente la pantalla mientras el niño habla, juega o le enseña algo que ha hecho, el menor puede interpretar que aquello que ocurre en el teléfono es más importante que él. Esto no significa necesariamente que piense que no le quieren. Sin embargo, sí puede sentir que, en ese momento, no hay espacio para lo que necesita contar.

Además, cuanto más se repita esta experiencia, más probable será que el niño deje de iniciar ciertas conversaciones o busque otras formas de recuperar la atención.

2. Pueden intensificar sus demandas de atención

Algunos niños interrumpen, elevan el tono, repiten varias veces la misma petición o realizan conductas cada vez más llamativas. Aunque estas reacciones pueden interpretarse como desobediencia, en ocasiones responden a una necesidad diferente: comprobar qué deben hacer para recuperar la mirada del adulto.

Por tanto, antes de corregir únicamente la conducta, conviene preguntarse qué estaba intentando comunicar el menor y si había tratado de hacerlo de otra manera.

3. Pueden dejar de contar lo que les ocurre

Otros menores reaccionan de forma opuesta. En lugar de reclamar más atención, dejan de pedir ayuda, responden «da igual» o guardan silencio porque anticipan que serán interrumpidos. Como consecuencia, pueden perderse muchas de esas conversaciones espontáneas que aparecen durante una comida, un trayecto o los minutos anteriores a dormir.

Estas conversaciones suelen parecer pequeñas, pero con frecuencia permiten conocer cómo se siente el niño, qué le preocupa o qué está viviendo fuera de casa.

4. Aprenden a relacionarse imitando a los adultos

La educación digital no depende únicamente de las normas que se explican. También se construye a través del ejemplo. Por eso, pedir a un adolescente que guarde su móvil durante la cena pierde fuerza si observa que los adultos consultan notificaciones cada pocos minutos.

En cambio, cuando las normas se aplican a toda la familia, resultan más comprensibles y coherentes. Así, el mensaje deja de ser «tú no puedes usar el móvil» y pasa a ser «en este momento todos cuidamos la conversación».

¿Cómo saber si el móvil está interrumpiendo demasiado?

No es necesario contar cada minuto de pantalla ni vigilar constantemente el uso del dispositivo. En su lugar, puede resultar más útil observar qué momentos familiares quedan desplazados por el móvil y con qué frecuencia ocurre.

Para empezar, puedes plantearte las siguientes preguntas:

  • ¿Miras el teléfono mientras tu hijo te cuenta algo?
  • ¿Consultas notificaciones durante las comidas?
  • ¿Tu hijo tiene que llamarte varias veces para obtener respuesta?
  • ¿Utilizas el móvil sin explicar por qué necesitas hacerlo?
  • ¿Te cuesta dejarlo lejos durante un juego o una conversación?
  • ¿Pides a tus hijos hábitos que tú mismo no mantienes?

Responder afirmativamente a alguna de estas preguntas no significa que exista un problema grave. Más bien, puede servir como punto de partida para identificar una rutina automática y decidir si conviene modificarla.

 

Cinco cambios realistas para reducir el phubbing parental

Reducir las interrupciones digitales no exige apagar el teléfono durante todo el día. De hecho, los cambios más útiles suelen ser pequeños, concretos y fáciles de mantener. La clave está en proteger algunos momentos familiares en los que la atención compartida tiene un valor especial.

Situación Cambio posible Qué aprende el menor
Al llegar a casa Saludar y conversar unos minutos antes de revisar mensajes. El reencuentro merece atención.
Durante las comidas Dejar los dispositivos fuera de la mesa. La conversación compartida tiene prioridad.
Al jugar Silenciar el móvil y mantenerlo fuera de la vista. El adulto participa de verdad.
Cuando surge una urgencia Explicar qué ocurre y cuánto durará. La espera es más segura cuando es previsible.
Después de una interrupción Guardar el teléfono y retomar la conversación. Los errores pueden repararse.

Estos acuerdos funcionan mejor cuando se explican y se aplican a todos. Además, pueden adaptarse a cada familia. Quizá en una casa sea importante proteger la cena, mientras que en otra resulte más útil reservar los primeros diez minutos después de llegar del colegio.

La regla de explicar, limitar y volver

Naturalmente, habrá ocasiones en las que el adulto necesite utilizar el móvil. Puede tratarse de una llamada médica, un asunto laboral o una urgencia familiar. En estos casos, no es necesario fingir que el teléfono no existe. Lo importante es explicar la interrupción y mantener el compromiso de volver.

Para ello, puedes aplicar tres pasos sencillos:

  1. Explicar: «Tengo que responder un mensaje de trabajo».
  2. Limitar: «Necesito cinco minutos».
  3. Volver: guardar el teléfono y preguntar: «¿Qué me estabas contando?».

Gracias a esta fórmula, el niño no tiene que adivinar si será escuchado después. Además, aprende que las interrupciones pueden gestionarse de forma respetuosa y que la atención puede recuperarse.

Tecnología sí, pero con sentido

Reducir el phubbing parental no implica expulsar la tecnología de la vida familiar. Al contrario, el teléfono permite trabajar, organizarse, mantener el contacto y acceder a numerosos recursos útiles. La cuestión está en aprender a utilizarlo sin que ocupe todos los espacios ni interrumpa constantemente los vínculos.

Esta idea conecta con «Tecnología sí, pero con sentido», uno de los contenidos del número 18 de la Revista Innovación Educativa de Red Educa. Su enfoque recuerda que la educación digital necesita límites, acompañamiento y coherencia. En consecuencia, no basta con controlar las pantallas de los hijos: también conviene revisar qué relación mantienen los adultos con sus propios dispositivos

Aprende a acompañar a tus hijos en el mundo digital

Descubre el artículo «Tecnología sí, pero con sentido» y otros contenidos sobre familias, pantallas y desarrollo infantil en el número 18 de la Revista Innovación Educativa de Red Educa.

Descargar gratis la Revista Innovación Educativa nº 1

Categorizado en: