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Innovación Educativa recuerda que la educación también ocurre fuera del aula

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Belén Torres

Belén Torres

Vie, 11/09/2026 - 08:37

La vuelta a las aulas recupera horarios, asignaturas y rutinas, pero no debería reducir el aprendizaje. Jugar, cocinar, conversar, equivocarse, aburrirse o explorar el entorno también desarrollan competencias. Expertos reunidos en el último número de Innovación Educativa, de Red Educa, recuerdan que educar también significa dejar espacio para descubrir.

Septiembre devuelve los despertadores, las mochilas, los horarios pegados en la nevera y, sí, también los deberes, las extraescolares y esa pregunta inevitable al terminar el día: “¿Qué has aprendido hoy?”.

Quizá el problema esté precisamente en la pregunta, porque aprender no siempre deja un ejercicio terminado, una página subrayada o una respuesta correcta. También aprendemos mientras hacemos la compra, discutimos con un amigo, preparamos una receta, nos orientamos por una ciudad desconocida o intentamos resolver algo sin que nadie nos dé previamente las instrucciones.

El último número de Innovación Educativa, la revista de Red Educa, dedica buena parte de sus páginas al aprendizaje fuera del aula y deja una reflexión que merece sobrevivir a las vacaciones: “Aprender no siempre significa estudiar. También implica descubrir, explorar, experimentar y relacionarse con el mundo”.

El aula no tiene cuatro paredes

La investigación educativa que recoge la revista habla de una “ecología del aprendizaje”: un proceso en el que intervienen la escuela, pero también la familia, la comunidad, los espacios culturales, el entorno digital y las experiencias cotidianas. El colegio sigue siendo esencial; simplemente, no es el único lugar donde se aprende.

La vida diaria está llena de ejemplos.

Poner la mesa implica organización y responsabilidad. Cocinar obliga a medir, seguir instrucciones y planificar. Comparar precios permite practicar cálculo. Organizar una salida exige anticiparse y tomar decisiones. Incluso resolver un conflicto entre amigos pone en juego capacidades como la empatía, la negociación o la regulación emocional.

La guía práctica incluida en la publicación lleva esta idea todavía más lejos: un juego de cartas puede trabajar cálculo mental; preparar una lista de la compra, atención sostenida; debatir sobre una noticia, argumentación; y gestionar un pequeño presupuesto, planificación financiera.

No hace falta convertir cada actividad en una clase. De hecho, ahí está precisamente la diferencia.

También se aprende cuando nadie dirige

Otra de las ideas que atraviesa la revista es el valor del tiempo libre.

Ángel Garrido, experto en Educación Física y Pedagogía Terapéutica, señala que uno de los espacios más descuidados suele ser “el juego libre prolongado y el tiempo sin meta”. Cuando todo el tiempo infantil está dirigido, queda poco margen para decidir qué hacer, probar, equivocarse o inventar.

Raúl Bermejo, docente y divulgador, reivindica incluso aquello que tantas veces intentamos evitar: aburrirse.

“El aburrimiento no es un fracaso: es el momento en que aparecen la creatividad y el juego”.

Cuando un niño tiene que decidir por sí mismo qué hacer aparecen preguntas, historias inventadas, dibujos, juegos o nuevos intereses.

“A veces asociamos aprendizaje solo con estudio, y se nos olvida que vivir también enseña”, resume Bermejo.

Padres que acompañan, no que programan

Esta mirada también puede aliviar parte de la presión familiar: acompañar el aprendizaje no exige transformar cada tarde o cada fin de semana en una sucesión de actividades “productivas”. También puede significar conversar, ofrecer alternativas, compartir una lectura o dejar que los hijos encuentren sus propios intereses.

Javier Muñoz, pedagogo y orientador educativo, lo plantea desde una lógica muy sencilla: no es necesario llenar la agenda. A veces, unos minutos de presencia real tienen más valor que muchas horas compartidas mientras la atención está en otra parte, porque recordemos, dar espacio también educa.

Ahora que las aulas vuelven a estar llenas, quizá sea un buen momento para recordar que el aprendizaje no empieza cuando suena el timbre ni termina cuando acaba la última clase. La escuela proporciona conocimientos, estructura y acompañamiento y fuera de ella, la vida ofrece algo diferente: contextos en los que probar todo lo aprendido.

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